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¡Bienvenidos a Sicilia!

La cosa que más impresiona en Sicilia son los contrastes: difícilmente algo es diferente del ser “hermosísimo” o, más raramente, su exacto contrario.
A esta característica toda peculiar se acostumbra uno enseguida y empieza a merodear algo atontado con la nariz por aire frente a las bellezas arquitectónicas de Palermo, por ejemplo, acostumbrándose pronto a la posibilidad de encontrar tras la Catedral o de la esquina de una plaza un pequeño vertedero provisional.
Esto porque a pesar de la mala gestión pública y los problemas sociales y ambientales que la afligen desde hace tiempo, frente al visitador la isla de algún modo parece hacerse broma de tales aflicciones, haciendo perno sobre la fuerza de sus polos positivos: las estratificaciones arqueológicas, históricas, arquitectónicas y culturales que la caracterizan y que se pueden hallar concentradas en una ciudad, o en un sólo edificio, así como en un simple plato de pasta, la convierten en un destino muy seductor.
Además de su historia, de la cocina (que movería incluso por si sola millones de visitadores) y a sus hermosísimas ciudades, como Siracusa o Palermo, no faltan playas guapísimas, islas en mar abierto para todos los bolsillos y para cada nivel de sociabilidad, el volcán más espectacular de Europa y guapísimos y pequeños burgos sobre el mar o en la montaña.
Sicilia es una de las más grandes regiones italianas además de la tercera isla más grande del Mediterráneo. Por su naturaleza no es un destino de “muerdes y huyes” por lo tanto si se tienen los días contados, sobre todo si se mueven con los medios públicos, es preferible evitar toures nipónicos y dedicarse a una zona circunscrita (por ejemplo Palermo y alrededores, Catania y el Etna, el trapanés, el Val de Noto; o bien algunas islas menores) o a un recorrido “temático” (mar y playas, ciudad, arte y sitios arqueológicos, parques naturales...); y aquí quizás más que en otros lugares es indudablemente más instructivo tomarse una pausa más a la mesita de un bar o hacer caso al instinto por alguna vuelta fuera programa más que haber “mirado” toda la isla mirando a la hoja de marcha y no haber logrado “ver” nada.